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DECRETO 496/2004, de 21
de septiembre, por el que se declara bien de interés cultural, con
la categoría de zona arqueológica, el yacimiento denominado Gil de
Olid, en Puente del Obispo, Baeza.
...II. El yacimiento denominado Gil de Olid, en Puente del Obispo
(Baeza, Jaén), presenta un área de poblado, enclavada en un espolón
rodeado por un cerrado meandro del río Guadalquivir, y su
necrópolis. Las prospecciones también documentaron la presencia de
una villa.
Para el poblado se ha establecido una larga cronología detectada en
seis períodos: Cobre Final - Bronce Antiguo, Protoibérico, Ibérico
Antiguo, Ibérico Pleno, Romano Republicano y Romano Altoimperial,
habiendo afectado el último profundamente a las anteriores. El
poblado, un «oppidum» en época ibérica, estuvo fortificado a lo
largo de todas sus fases, lo cual sostiene la idea de su origen como
punto estratégico de control. En cuanto a la necrópolis, sólo ha
sido localizada parcialmente la de época ibérica con una
superposición de hasta cinco fases.
Por tanto, debido a su carácter multifásico, que aporta un amplio
conocimiento del tránsito histórico a través de sus dos milenios de
ocupación, a su posición estratégica, como sitio de referencia para
el conocimiento del control territorial de las campiñas del Alto
Guadalquivir, y a la necesidad de protección de los restos, el
yacimiento de Gil de Olid reúne suficientes valores para su
declaración como Bien de Interés Cultural.
...El yacimiento denominado Gil de Olid se localiza en la terraza de
un meandro del río Guadalquivir, próximo al núcleo de Puente del
Obispo, en el extremo oeste del término municipal de Baeza. Las
diversas campañas de excavación así como la prospección realizada
detectaron un asentamiento y su necrópolis, junto a una villa
romana.
El poblado presenta una larga ocupación, una primera del Cobre
Final-Bronce Antiguo y una segunda que abarca desde el período
protoibérico hasta la época altoimperial, desde el siglo VII a.C.
hasta el siglo 1 d. C. De la primera fase se localizó una posible
fortificación y varios niveles de habitación, mientras que la
siguiente fase de ocupación, Protoibérica e Ibérica, queda
representada mediante diversas construcciones de muros de tapial y
zócalo de piedra, junto a un amplio repertorio de material cerámico.
Este asentamiento continuó sin interrupciones hasta el período
altoimperial, que es la fase mejor documentada, en la que destaca un
área de viviendas a las que se asocian materiales cerámicos de
paredes finas. También de gran importancia es un pavimento enlosado
de grandes dimensiones que se asienta sobre una fuerte cimentación y
delimitado por sillares de piedra. Éste es el último período
detectado, abandonándose el asentamiento de forma inmediata.
La necrópolis se documentó en una intervención arqueológica en la
década de los 80, apareciendo un total de 29 enterramientos, con una
cronología que abarca desde el siglo VI al IV a. C. Predominan las
fosas, simples o delimitadas mediante un murete de tapial o un
zócalo de piedra. Estas tumbas se pueden agrupar en dos tipos. El
primero de ellos se caracteriza porque la cremación se realiza en un
espacio diferente y alejado del lugar de depósito, las cenizas se
depositan en una urna y los materiales hallados mantienen cierta
estandarización. En cuanto al segundo grupo, la fosa de cremación es
de mayores dimensiones y se encuentra cubierta por un túmulo de
tierra, practicándose la cremación en la misma fosa y depositándose
los restos, sin urna, en un extremo. En ambos grupos se constató la
ausencia de importaciones cerámicas.
Por último, se registran tres tumbas complejas o de cámara y otra de
pozo, únicas estructuras en la que se documentaron importaciones
cerámicas, que denotan una mayor complejidad estructural reflejo de
diferenciación social.
Actualmente no se observa huella visible de la necrópolis pero sí
del asentamiento, que cuenta con una secuencia estratigráfica muy
potente que permitirá seguir aportando información sobre dichos
períodos. |